Escribir al periódico sobre el casco ciclista

Hoy en El País hay quien se alegra de que el casco ciclista vaya a ser obligatorio para menores de 18 años. Me da mucha pena que el desconocimiento lleve a la gente de buena intención a apoyar medidas equivocadas e inútiles, cuando no contraproducentes.

Las negritas son mías.

Dar luz verde a la obligatoriedad del uso del casco a menores que circulan en bicicleta es un pequeño paso para la seguridad de todos los conductores y peatones de la ciudad. Desgraciadamente, no es suficiente. Como el cinturón, el casco es un elemento de protección. Antiestético y pesado, reduce el riesgo de quien lo lleva. El uso del casco es un gesto más allá de los beneficios individuales. Es un gesto de respeto hacia los conductores de otros vehículos que defienden la movilidad segura y prudente, conscientes de los daños físicos y psicológicos de los que pueden ser responsables y, a su vez, víctimas. Ante el escalofriante número de imprudencias, me pregunto por qué continúa existiendo tanta adversidad al uso de esta indumentaria.

Partiendo de que la adversidad no es “al uso” sino a la obligatoriedad, un matiz que habitualmente se pierde, nos oponemos a la obligatoriedad por muchas cuestiones.

La primera, que ante “el escalofriante número de imprudencias” de los conductores el casco ciclista puede hacer poco o nada. El casco solo sirve para accidentes sin intervención de otros vehículos, que son aproximadamente el 19% en España, y en los últimos años la mayoría de ciclistas fallecidos y heridos en España por lesión craneal lo fueron en carretera y llevando casco.

Así, ¿para qué vamos a hacer obligatorio un artefacto que no protege de los accidentes más habituales y dañinos, y que donde es obligatorio ya -en carretera- no ha surtido ningún efecto significativo?

¿Cómo que “reduce el riesgo” de quien lo lleva? El casco es un elemento de seguridad pasiva: únicamente puede servir -y escasamente, ya lo hemos dicho arriba- cuando ya se ha producido el accidente. La reducción del riesgo ha de pasar por la reducción de los accidentes con medidas de seguridad activa: educación y concienciación para la coexistencia de ciclistas y conductores, quizá segregación de infraestructuras… Obligar a usar un casco no sirve para nada de lo anterior, y únicamente traslada al ciclista el mensaje de que la bici es peligrosa, puesto que ha de ponerse un artefacto en la cabeza para usarla. Y eso no es verdad.

El resultado de este tipo de leyes suele ser que menos gente coge la bicicleta: en Ciudad de México e Israel ya han tenido que retirar este tipo de legislación por ser ineficaz y haber reducido el uso de la bicicleta. En Melbourne, hay quien le echa la culpa del fracaso de su sistema de bici pública.

Por otra parte, en el casco concreto del casco ciclista para niños, podríamos preguntarnos cuáles son las causas más habituales de traumatismos pediátricos y en la población general y si podemos hacer algo para reducirlas. ¿Quizá poner casco a nuestros hijos en el coche? ¿Cascos para peatones? ¿O quizá tengan más sentido otras medidas?

Lo que más me preocupa de esta carta es el tono. Para mí, la mayor muestra de respeto que puede hacer un ciclista es la circulación por la calzada de manera adecuada, predecible y segura, respetando las normas de seguridad y los espacios de los peatones. El uso o no de casco pertenece a la decisión personal de cada uno, y desde luego, como conductor, me falta más al respeto un ciclista con casco que circula inadecuadamente que uno sin casco que circule bien. Por ejemplo, si un ciclista con casco cruza un paso de peatones a gran velocidad, un conductor se lo podría llevar por delante y causarle heridas graves. No entiendo por qué el casco es un elemento “de respeto”.

Vivimos en un país de obesos y sedentarios; también los niños. Sufrimos unos niveles de contaminación y de ruido urbanos que son de los peores del mundo. ¿Es buena idea poner trabas a un vehículo que puede atajar varios de esos problemas a la vez? En Barcelona se ha calculado que los beneficios sanitarios de la bicicleta sobrepasan a los riesgos en 1:77, incluso sin casco.

Si el objetivo es mejorar la salud poblacional y reducir las muertes por tráfico, de una vez por todas: fomentemos el uso de la bicicleta en nuestras ciudades.