¿Protege el casco de bici de heridas graves?

Volvemos a hablar del casco. Un estudio publicado en octubre afirma que no está claro el efecto protector del casco frente a hemorragias craneales, y que hace falta más investigación sobre este tema.

El estudio parece ratificar lo que ya hemos comentado aquí alguna vez: que el casco ciclista tiene algún problema de homologación. Los autores indican que el casco ofreció protección significativa frente a las laceraciones externas, las fracturas de cráneo o las faciales. Sin embargo, descartan efectividad significativa del casco ante fracturas cervicales y hemorragias intracraneales. 

Tabla 2 del artículo: comparación del porcentaje de ciclistas con y sin casco que sufrieron diversos tipos de heridas. Las diferencias en negrita -valor p- son estadísticamente significativas.
Tabla 2 del artículo: comparación del porcentaje de ciclistas con y sin casco que sufrieron diversos tipos de heridas. Las diferencias en negrita -valor p- son estadísticamente significativas.

¿Qué significa todo esto?

Tomemos las cosas con calma. Los autores indican que el casco, en los 709 ciclistas accidentados de Arizona que incluye este análisis, y con la homologación y las características de uso y tráfico de allá, no tuvo influencia significativa frente a hemorragia intracraneal. Ahora bien, la población del estudio es escasa, así que los autores no dicen categóricamente que no sirva, sino que hace falta más investigación sobre el tema.

Sí que protegió de laceraciones y fracturas, así que parece que el casco sigue teniendo alguna efectividad. Así que seguimos diciendo lo mismo: es buena idea ponerse casco, en tanto que perjuicio, en principio, no les va a causar, aunque no cabe esperar maravillas y sigue siendo buena idea tomar medidas de precaución para evitar el accidente, como las que les hemos contado alguna vez. El casco no protege tanto como algunos parecen creer.

¿Qué podemos hacer?

El problema, aunque los autores no lo desglosan, seguramente es el de siempre: el casco, diseñado para accidentes en los que los ciclistas están solos, no puede proteger frente a accidentes con intervención de vehículos a motor, que son los que causan heridas más graves en razón a las velocidades que alcanzan.

Las acciones frente a este tipo de accidentes no pueden limitarse a poner cascos: hay que evitar que se produzcan, y eso se logra por múltiples vías:

  • Formando a los conductores para que respeten a los ciclistas cuando se compartan las vías, cuando se opte por este tipo de infraestructura
  • Fomentando el uso de bicicleta, puesto que más bicicletas en las calles traen seguridad en los números, más y mejor “cultura ciclista” y reducción de la velocidad del tráfico en las ciudades
  • Formando a los ciclistas para que sean visibles y predecibles y eviten comportamientos arriesgados (como no llevar luces, cruzar por pasos de peatones, hacer eses, etcétera)
  • Segregando a conductores y ciclistas en las vías de mayor velocidad, o donde la diferencia de velocidades entre ambos vaya a ser muy grande -como en zonas con cuestas pronunciadas-
  • Reduciendo la velocidad de los conductores en las vías compartidas

No hay recetas mágicas y el casco tampoco lo es.

Otra posibilidad es reforzar los cascos, imponiendo una homologación más estricta, pero los fabricantes de cascos señalan que un casco efectivo frente a este tipo de accidentes sería similar a un casco de moto, lo que resultaría más incómodo por ventilación y peso, podría restar visibilidad lateral -por su diferente diseño- y podría resultar en menor adopción del casco. Vaya, que podría ser contraproducente.

El resumen (abstract) del artículo

Por si lo queréis leer en castellano, os lo traducimos.

Introducción

El traumatismo craneoencefálico es la principal causa de discapacidad entre ciclistas. Se han propuesto medidas preventivas, como las leyes de casco obligatorio; no obstante, su capacidad de protección siempre ha sido fuente de debate. La intención de este estudio ha sido determinar la utilidad de los cascos de bicicleta en la prevención de la hemorragia intracraneal. Nuestra hipótesis original era que los cascos de bicicleta ejercían protección y evitaban la aparición de hemorragia intracraneal.

Métodos

Hemos realizado un análisis retrospectivo de cohorte durante 4 años (2009-2012) de todos los pacientes que se presentaron con traumatismo craneoencefálico relacionado con bicicleta a nuestro centro de trauma de nivel I. Comparamos los ciclistas que llevaban y que no llevaban casco frente a diferencias en los patrones de daño, necesidad de ingreso en cuidados intensivos y mortalidad.

Resultados

Se evaluaron un total de 864 pacientes, de los cuales 709 (300 con casco, 409 sin casco) se incluyeron en el análisis. Los ciclistas sin casco eran con mayor probabilidad jóvenes (p < 0,001) y de sexo masculino (p = 0,01). No hubo diferencia en la ISS (injury severity score) mediana entre ambos grupos (p = 0,3). Los ciclistas sin casco presentaban mayor probabilidad de fractura craneal (p = 0,01) y laceraciones en el cuero cabelludo (p = 0.01) en comparación con los que llevaban casco. No hubo diferencias en hemorragia intracraneal entre los dos grupos (p = 0,1). Llevar casco tampoco presentó asociación independiente (p = 0,1) con el desarrollo de hemorragia intracraneal.

Conclusión

Los cascos de bicicleta pueden tener efecto protector frente a heridas externas en la cabeza, pero su papel protector frente a hemorragia intracraneal es cuestionable. Se necesitan más estudios que identifiquen el papel protector de los cascos frente a hemorragia intracraneal.